miguel layun

Miguel Layún puede patentar el hashtag “TodoesculpadeRivas”.

En menos de cinco años, el futbolista pasó de las gradas del Estadio Azteca a la titularidad con el Porto, que pagó 500 mil euros por su préstamo y ahora está dispuesto a desembolsar 12 veces más (seis millones) para comprarlo. Fue dos veces campeón de Liga con el América, jugó un Mundial y el viernes asistió a Javier Hernández en el primero de los tres goles contra Canadá en la Eliminatoria.

La de Layún es una historia exitosa con una génesis que bien pudo firmar Stephen King. En 2011, en México se popularizó el “TodoesculpadeLayún”, hashtag que se multiplicó a la hora de hablar de los horrores del América, que se atribuían al futbolista incluso cuando no jugaba.

Protagonista de la mofa nacional, dribló la situación con la asesoría de la sicóloga deportiva, Claudia Rivas.

“Creo que todos en el mundo hemos sufrido por el bullying, pero imagínate que un país entero se mofe de ti y en lugar de quejarte, que fue lo primero que me llamó la atención de Miguel, tu reacción sea ‘¿cómo le vamos a hacer, cómo lo revertimos?’.

“Trabajamos las técnicas que trabaja la sicología del deporte, la respiración para el control emocional”, relató la hija del pionero en México de la medicina deportiva, Octavio Rivas.

En una entrevista con Televisa Deportes, Layún calificó a la sicóloga como la clave de su éxito.

En 2011, el futbolista tocó fondo. Ni en el Estadio Azteca lo reconocían cuando iba por boletos para los partidos del América, esos que tenía que ver desde la tribuna porque Carlos Reinoso desconfiaba de él.

“Fueron momentos bien duros para mí, no fue nada fácil”, dijo en diciembre de 2014.

En una época en la que una persona puede quedar marcada por un hashtag, Layún convirtió ese estigma en una marca de una tienda online. Rivas detalló el parteaguas del proceso del veracruzano.

“Va a Orizaba, va solo, en el carro se le poncha una llanta, ya venía con esta idea de fuerza mental, de transformar y el sentido del humor bien enfocado es curativo, es sanador…

“Él cuenta que se le poncha la llanta, busca la refacción y dice ‘¡pero qué atarantado, no metí la llanta!’. Está ahí en un lugar despoblado, se sienta, se empieza a reir de sí mismo y dice ‘ahora sí, todo es culpa de Layún’. A partir de ahí, el impulso que le da la risa lo vuelve una marca, y es una gran enseñanza que nos deja de poderte reír de la situaciones negativas y tomar la responsabilidad”, comentó Rivas

Redacción Am