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LOS ANGELES, CA. — Más que Ibrahimovic, más que “El Niño” Torres y más que Radamel Falcao, lo que estaría buscando el América es a su André Pierre Gignac.

La receta está ahí. Hace goles, levanta trofeos, es un profesional, no entra en escándalos, y según me dice “El Tuca” Ferreti, es un buen compañero y un futbolista disciplinado. Justo lo que buscan muchos clubes, sobre todo uno que quiere festejar sus 100 años de vida con un futbolista de carácter mediático.
El América es un club que vive siempre apegado a ilusiones. La ilusión de tener al equipo más poderoso, la ilusión de contar con los mejores jugadores, la ilusión de ganar, la ilusión de jugar bien, la ilusión de levantar trofeos, la ilusión de vencer a sus rivales en los clásicos y la ilusión de ser el mejor cada vez que sale a la cancha de juego. Al América y a los americanistas les puedes quitar muchas cosas, pero nunca, nunca las ilusiones…

El otoño del centenario se aproxima sigilosamente a Coapa. Y existe la creencia de que el club prepara un valioso regalo para sus aficionados. Un futbolista mediático, un goleador, procedente de otras dimensiones futbolísticas que sea capaz de marcar el rumbo de una época y darle al aficionado americanista un lugar especial dentro de su álbum de memorias. ¿Ibrahimovic? ¿Falcao? ¿Torres? Echemos “a volar” la imaginación y las ilusiones del americanismo.

El club ha empezado a sondear sobre quién puede ser la figura conmemorativa del centenario. Y lo ha hecho utilizando el ejemplo que logró Tigres con el francés André Pierre Gignac, un jugador que vino con un reconocimiento importante del futbol francés y que definitivamente no llegó a México para perder el tiempo, o para vacacionar y llevarse los dólares que devenga como el jugador mejor pagado en la historia del futbol mexicano. Gignac vino a México a correr, a entregarse y a ser parte de un equipo en las buenas y en las malas.

Apenas ayer fue, nuevamente, llamado por el seleccionador francés Didier Deschamps para los juegos amistosos de la fecha FIFA y parece que Gignac, desde el futbol mexicano, levantará la mano para ser uno de los elegidos de Francia en la Eurocopa del próximo verano. La mayor parte de los futbolistas europeos suponen que venir a México es la jubilación, el entierro, el final, es retirarse de la alta competencia. Gignac sigue en ella.

No sólo se trata de un nombre, también se trata de actitud. Y el América estará sondeando entre las posibilidades que se le presentan para no equivocarse. Se trata de una inversión que promete superar, incluso, el gasto o el sueldo que Tigres hizo por Gignac.

Un futbolista de más de 3 millones de euros al año, cifra que el América y Televisa jamás han gastado en un futbolista, en un actor, en un presentador o en lo que usted quiera. El América esta obligado a buscar ese referente y para ello también necesita, de nueva cuenta, el boleto al Mundial de Clubes.

La semana pasada, una lista similar apareció en Monterrey, en “la cancha” de Rayados. Seguramente, también Tigres, que consume ese tipo de futbolistas, levantará la mano. Y entonces, el futbol mexicano podría adentrarse de pronto a un mercado de competencia, casi natural, con el futbol de los Estados Unidos. Esa clase de nombres –Ibrahimovic, Falcao o Torres– son totalmente apetecibles para la MLS. Estaremos entrando, sin duda, en otra época de competitividad y de mercado.

“El regalo prometido”. Sé que suena al título de una película infantil de hace algunas décadas, pero es también una de las ilusiones que necesita el América y el americanismo para respirar. Un futbolista para festejar, que provoque festejos en un club que vive de los festejos. Puede ser cualquiera de los nombres que el mercado ofrece, pero necesita contar, primero, con la actitud y la vergüenza profesional para no venir a México por los últimos dólares de su carrera. El América necesita copiar la recta de Tigres y buscarse a su propio Gignac.

Por @Faitelson_ESPN